El Puerto de la Cadena es uno de esos lugares que muchos murcianos atraviesan constantemente sin llegar a detenerse nunca. La autovía cruza la sierra casi de forma automática, conectando Murcia con Cartagena en pocos minutos, pero basta con abandonar el coche y adentrarse en sus ramblas y senderos para descubrir un paisaje lleno de historia, restos defensivos medievales y algunas de las vistas más impresionantes de toda la región.
Esta ruta permite conocer los tres castillos inacabados que vigilaban el paso natural entre Murcia y el Campo de Cartagena: el Castillo de la Asomada, el Castillo del Portazgo Superior y el Castillo del Portazgo Inferior. Tres construcciones rodeadas de incógnitas históricas y teorías que todavía hoy siguen despertando el interés de arqueólogos y senderistas.
Desde Apartamentos Bherlo, el recorrido se convierte en una escapada perfecta para quienes quieren descubrir una Murcia más salvaje, histórica y menos conocida.
Ficha técnica
- Inicio y final de ruta: Área Recreativa del Castillo de la Asomada
- Distancia aproximada: 10-12 km
- Duración estimada: Entre 4 y 5 horas
- Dificultad: Moderada
- Tipo de recorrido: Circular
- Entorno: Ramblas, senderos de montaña, castillos medievales y antiguas canteras
- Mejor época: Otoño, invierno y primavera
El sistema defensivo olvidado del Puerto de la Cadena
Uno de los aspectos más interesantes de esta ruta es que no se trata únicamente de una excursión de montaña. En realidad, todo el recorrido gira alrededor de un sistema defensivo medieval que nunca llegó a completarse.
La teoría más aceptada actualmente es la defendida por el profesor Vicente Frey Sánchez, quien relaciona estos tres castillos con Ibn Mardanis, conocido por los cristianos como el Rey Lobo. Este gobernante musulmán convirtió Murcia en uno de los territorios más poderosos de Al-Ándalus durante el siglo XII y necesitaba proteger el estratégico paso del Puerto de la Cadena.
Según esta interpretación, cada castillo tenía una función distinta. El Castillo de la Asomada, situado en la parte más elevada del Cabezo del Puerto, habría funcionado como mausoleo dinástico. El Castillo del Portazgo Superior sería la residencia fortificada principal, mientras que el Portazgo Inferior controlaría directamente el tránsito y el acceso al puerto.
La disposición de los tres castillos no era casual. Separar las defensas dificultaba enormemente el asedio enemigo. Cualquier ejército que atacase uno de ellos quedaba expuesto desde las otras posiciones elevadas.
Sin embargo, la rápida llegada de los almohades parece haber paralizado las obras y dejó este conjunto militar inacabado, motivo por el que hoy apenas quedan restos parciales de las estructuras originales.
Inicio de la ruta: Rambla del Puerto y acceso al antiguo paso natural
La excursión comienza en el Área Recreativa del Castillo de la Asomada, junto a la autovía del Puerto de la Cadena. Desde el inicio sorprende el contraste entre el ruido lejano del tráfico y la sensación de aislamiento que transmiten las ramblas y senderos.
Nada más comenzar, se alcanza el emplazamiento actual del Castillo del Portazgo Inferior. Este castillo fue desmontado y trasladado parcialmente durante las obras del tercer carril de la autovía, por lo que muchos senderistas consideran que perdió parte de su autenticidad original. Aun así, sigue permitiendo entender la importancia estratégica de este punto.
Desde aquí se penetra en la Rambla del Puerto, uno de los lugares más bonitos de la ruta. El sendero avanza entre paredes erosionadas, vegetación mediterránea y pequeñas pozas que suelen conservar algo de agua incluso durante épocas secas.
En días de lluvia o semanas posteriores, el agua corre lentamente entre piedras pulidas formando pequeños reflejos bajo los cañizos y adelfas. Resulta difícil imaginar un paisaje así tan cerca de Murcia capital. El olor a tierra húmeda y eucalipto cambia completamente la sensación habitual del clima murciano.
Este tramo de la rambla era utilizado históricamente como vía natural de paso mucho antes de la construcción de carreteras modernas. Las ramblas no sólo servían como corredores de agua, sino también como caminos relativamente protegidos entre montañas. Caminar hoy por ellas es hacerlo prácticamente sobre siglos de tránsito humano.
Uno de los primeros puntos importantes es el gran eucalipto desde el que arranca la senda de subida hacia el Castillo de la Asomada. Mucha gente aprovecha este punto para hacer una primera parada larga. Desde aquí ya se percibe cómo cambia el relieve y cómo el sendero empieza a ganar altura rápidamente.
Ascenso al Castillo de la Asomada y la Cueva del Castillo
La subida hacia el Castillo de la Asomada es probablemente el tramo más espectacular de toda la excursión. El sendero asciende de forma continua por las laderas del Cabezo del Puerto, ofreciendo cada vez mejores vistas sobre la Rambla del Puerto y las montañas cercanas.
A medida que se gana altura, el paisaje comienza a abrirse. Aparecen los primeros balcones naturales desde los que ya puede observarse parte de Murcia hacia el norte y las sierras que separan el Campo de Cartagena hacia el sur.
En un punto concreto del recorrido se abandona el sendero principal para tomar una subida más exigente por un pequeño ramblizo. La pendiente aumenta considerablemente y el terreno se vuelve mucho más pedregoso. Aquí el silencio es casi absoluto. Sólo se escucha el viento golpeando la montaña y, a lo lejos, el eco amortiguado de los vehículos atravesando el puerto.
Desde el collado ya puede observarse la boca de la conocida Cueva del Castillo. Vista desde abajo resulta impresionante, oscura y perfectamente integrada en la roca del cabezo. Muchos excursionistas esperan encontrar una gran cavidad, aunque en realidad se trata más bien de un pequeño abrigo natural.
Aun así, merece mucho la pena acercarse hasta ella. No tanto por el interior de la cueva, sino por el propio entorno. Desde este punto las vistas son magníficas y permiten entender perfectamente la posición estratégica del castillo. Toda la Rambla del Puerto queda bajo los pies.
El último tramo hasta la fortaleza discurre junto a restos de muros inacabados que todavía conservan parte de su trazado original. Resulta especialmente interesante observar cómo algunas estructuras parecen interrumpidas bruscamente, como si las obras hubiesen quedado abandonadas de un día para otro.
Una vez arriba, el Castillo de la Asomada ofrece uno de los miradores más espectaculares de toda la región de Murcia. Hacia el norte se abre Murcia y su extensa huerta; hacia el sur aparece el Campo de Cartagena y, en días muy despejados, incluso el Mediterráneo asomando en el horizonte.
La sensación de altura aquí es impresionante. Bajo la montaña circula la autovía mientras arriba todo parece detenido en el tiempo. Caminar entre los restos de esta fortaleza inacabada hace muy fácil imaginar guardias vigilando el paso natural entre ambos territorios hace casi nueve siglos.
Muchos senderistas se detienen bastante tiempo aquí simplemente observando el paisaje y recorriendo lentamente los restos del recinto defensivo.
Descenso hacia el sur y paso bajo la autovía
Después de abandonar el Castillo de la Asomada, la ruta continúa descendiendo por la vertiente sur del Puerto de la Cadena. Este tramo cambia completamente respecto a la subida. El paisaje se vuelve más abierto y árido, con senderos estrechos que atraviesan laderas erosionadas por el agua y el viento.
El descenso tiene algunos puntos especialmente interesantes desde el punto de vista paisajístico. En varios momentos el sendero discurre junto a cortados naturales desde los que se obtiene una perspectiva muy diferente de la sierra.
Hay una zona algo más delicada donde el terreno suele estar resbaladizo. Para facilitar el paso instalaron una cuerda de apoyo, aunque conviene avanzar con calma. Precisamente este tipo de pasos hacen que la ruta tenga ese carácter aventurero que la diferencia de otras excursiones más sencillas de la región.
Uno de los momentos más curiosos llega al alcanzar el túnel que atraviesa bajo la autovía. El contraste es llamativo: tras caminar durante largos tramos por senderos históricos y zonas completamente naturales, de repente aparece esta infraestructura moderna cruzando el mismo corredor que durante siglos utilizaron comerciantes, tropas y viajeros medievales.
Cuando ha llovido, el túnel suele acumular barro y agua. Aun así, normalmente hay piedras colocadas para facilitar el cruce.
Al salir al otro lado, el paisaje vuelve a cambiar de golpe. La sensación es más tranquila y forestal, con mayor presencia de vegetación y zonas de sombra.
La senda Idílica y la Rambla de las Cabezas
Este tramo es uno de los más desconocidos y agradables de toda la ruta. La conocida como senda Idílica atraviesa una zona mucho más silenciosa y verde del Puerto de la Cadena.
El sendero discurre junto a la Rambla de las Cabezas y atraviesa pequeñas zonas boscosas poco transitadas donde predominan los pinos carrascos y la vegetación mediterránea. Durante primavera, el aroma a romero y tomillo resulta especialmente intenso.
Aquí el recorrido cambia completamente de ritmo. Ya no predominan las panorámicas abiertas del castillo, sino la sensación de caminar por un entorno mucho más íntimo y protegido.
La subida hacia Los Cerrilares es constante, aunque bastante agradable. Conforme se gana altura aparecen antiguos caminos mineros y pequeñas explanadas utilizadas antiguamente para trabajos de extracción.
Muchas personas desconocen que esta zona del Puerto de la Cadena tuvo también actividad minera y cantera durante distintas épocas. Todavía hoy pueden verse restos de antiguas extracciones abandonadas que poco a poco ha ido reclamando la montaña.
Este tramo resulta especialmente bonito a última hora de la tarde, cuando la luz atraviesa los pinos y proyecta sombras largas sobre el sendero.
El Castillo del Portazgo Superior y las antiguas canteras
El acceso al Castillo del Portazgo Superior requiere prestar atención a varios cruces de senderos. Es fácil pasarse el desvío correcto si se avanza demasiado rápido.
Antes de llegar al castillo aparece una de las zonas más sorprendentes de la ruta: las antiguas canteras abandonadas. El paisaje aquí tiene algo distinto, casi industrial, con grandes cortes en la montaña que contrastan con el entorno natural.
Desde algunos puntos se obtienen magníficas vistas hacia la sierra y los barrancos cercanos. También es una buena zona para detenerse unos minutos antes de afrontar el último tramo hasta la fortaleza.
El Castillo del Portazgo Superior es probablemente el que mejor permite imaginar cómo habría sido el conjunto defensivo una vez terminado. Aunque sigue siendo una construcción inacabada, todavía conserva estructuras reconocibles, especialmente parte de la planta inferior y varios arcos de medio punto.
La ubicación del castillo resulta extremadamente estratégica. Desde aquí se domina buena parte del corredor natural del Puerto de la Cadena y se mantiene contacto visual con el Castillo de la Asomada.
Precisamente esta conexión visual es una de las claves de la teoría del profesor Vicente Frey Sánchez. Según su interpretación, desde esta fortaleza-residencia el Rey Lobo podía contemplar el castillo-mausoleo situado sobre el Cabezo del Puerto.
Muy cerca también existen restos de casamatas de la Guerra Civil, otro ejemplo de cómo este paso natural siguió siendo estratégico incluso siglos después de la época medieval.
El descenso desde el castillo se realiza por un antiguo camino restaurado hace años con barandillas de madera y escalones. Aunque actualmente muestra bastante abandono, todavía permite imaginar la importancia histórica y patrimonial que tuvo este enclave.
El Portazgo Inferior y el regreso por la Rambla del Puerto
La última parte de la ruta vuelve a conectar con la Rambla del Puerto y conduce hasta el Castillo del Portazgo Inferior, el más discreto visualmente de los tres, aunque históricamente tenía una función fundamental dentro del sistema defensivo del Puerto de la Cadena.
A diferencia del Castillo de la Asomada o del Portazgo Superior, situados en posiciones elevadas, esta fortaleza se encargaba de controlar directamente el paso por el corredor natural entre Murcia y Cartagena. Todo viajero, comerciante o ejército que atravesara el puerto quedaba vigilado desde este punto y desde las fortalezas superiores, creando un sistema de vigilancia muy eficiente para la época.
El castillo actual no conserva completamente su ubicación original. Durante las obras de ampliación de la autovía, parte de la estructura fue desmontada y trasladada, motivo por el que muchos senderistas sienten cierta contradicción al llegar hasta él. Aun así, todavía pueden apreciarse restos de muros y parte del recinto defensivo que ayudan a imaginar cómo debió de ser esta pequeña fortaleza medieval hace siglos.
El contraste entre las ruinas y la autovía resulta especialmente llamativo. Mientras los coches atraviesan el puerto en cuestión de minutos, a pocos metros permanecen los restos de un sistema defensivo construido hace casi novecientos años para controlar exactamente este mismo paso natural.
Desde aquí, el sendero vuelve a introducirse en la Rambla del Puerto para afrontar el último tramo del recorrido. Después de varias horas caminando entre castillos, ramblas y antiguas canteras, este descenso final suele hacerse con otro ritmo, más pausado, aprovechando las últimas vistas y el silencio del entorno antes de regresar al punto de inicio.
De vuelta a casa
El regreso hacia Murcia después de recorrer los tres castillos del Puerto de la Cadena tiene algo especial. Conforme la carretera desciende y la ciudad vuelve a aparecer entre las montañas, resulta fácil entender la enorme importancia estratégica que tuvo este corredor natural durante siglos.
La ruta deja mucho más que simples ruinas medievales. Quedan las vistas desde el Castillo de la Asomada, los senderos silenciosos de la Rambla de las Cabezas, las antiguas canteras escondidas entre pinares y la sensación constante de estar caminando por un territorio donde historia y paisaje siguen completamente unidos.
Además, el Puerto de la Cadena tiene algo difícil de explicar para quien sólo lo conoce desde la autovía. Cuando se recorre a pie, el entorno cambia por completo. Las montañas parecen más abruptas, las distancias más amplias y los castillos adquieren sentido dentro del paisaje que vigilan.
Al regresar a Murcia, el contraste vuelve a ser inmediato. En pocos minutos desaparecen las ramblas y senderos de montaña para regresar al ambiente tranquilo del centro de la ciudad.
Volver a nuestros apartamentos en Murcia centro después de una ruta así se siente especialmente reconfortante. Tras varias horas entre fortalezas olvidadas y panorámicas abiertas hacia el Campo de Cartagena, el apartamento vuelve a convertirse en ese lugar cómodo donde descansar y terminar el día recordando una de las rutas históricas más interesantes de los alrededores de Murcia.
